Control del daño en trauma
Resumen
El trauma constituye la primera causa de muerte en personas en edad productiva en todo el mundo y se considera un problema de salud pública. En Colombia, ocupa el cuarto lugar de las causas de mortalidad en la población general; entre enero y mayo de 2021 se registraron 4.986 homicidios de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Medicina Legal, lo que representa un incremento del 27 % con respecto al mismo periodo en 2020 cuando se reportaron 3.920 casos en esos mismos cinco meses.
La hemorragia no controlada es la responsable de casi la mitad de todas estas muertes, situación que puede ser prevenible. Para poder brindar a estos pacientes una oportunidad de sobrevivir, es fundamental establecer un control temprano del sangrado, desarrollar estrategias de reanimación volumétricas apropiadas y corregir la coagulopatía traumática.
A través de la historia se puede ver cómo los cirujanos expuestos al trauma realizaban manejos agresivos y definitivos que significaban cirugías prolongadas, con pérdidas sanguíneas en grandes volúmenes, situaciones que desencadenaban una respuesta inflamatoria exagerada y posterior falla metabólica, lo que comúnmente se ha llamado “la tríada de la muerte” (acidosis, hipotermia, coagulopatía). A partir de los años 80 se implementaron estrategias como la laparotomía abreviada que buscaba la finalización temprana de la cirugía abdominal y que más adelante se integró al concepto de manejo por etapas, con lo que se reportaron tasas de supervivencia mayores al 50 %. Posterior a esto en 1993, Rotondo acuñó el término de cirugía de control de daños, expresión proveniente de la armada de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial que se refería al control inicial de una nave dañada bajo fuego enemigo en un esfuerzo por mantenerla en desplazamiento hacia puerto seguro para su reparación definitiva. En términos de cirugía de trauma, esta estrategia permite salvaguardar la economía metabólica con un control inicial de las lesiones por hemorragia o sepsis, seguida del tratamiento en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en busca del restablecimiento fisiológico, y finalmente la reparación quirúrgica definitiva.
Esta estrategia se ha asociado con tasas de supervivencia reportadas hasta del 58 %, y llevó a una reflexión conceptual y posterior revolución en la cirugía de trauma, al reconocer la importancia del uso equilibrado de la medidas de reanimación; a esto se le ha denominado “resucitación en control de daños” (damage control resuscitation, en inglés), la cual busca
combatir la descompensación metabólica desde tres frentes de batalla: hipotensión permisiva, resucitación hemostática y cirugía de control de daños.