Linfadenopatía: ¿A quién, cuándo y cómo estudiarla?
Resumen
Los ganglios linfáticos forman parte de los órganos linfoides secundarios, junto con el bazo, las amígdalas, el apéndice y el tejido linfoide asociado a mucosas (MALT). Se encuentran distribuidos por todo el cuerpo y pueden clasificarse en ganglios periféricos y ganglios profundos.
Los ganglios periféricos se localizan en el tejido celular subcutáneo, y sus principales grupos son los cervicales, axilares e inguinales. Por su parte, los ganglios profundos se encuentran principalmente a lo largo de los grandes vasos sanguíneos, en regiones como el mediastino y el abdomen; también existen ganglios cervicales profundos y ganglios inguinales profundos, como el ganglio de Cloquet.
Un ser humano adulto posee en promedio alrededor de 600 ganglios linfáticos. En su interior, estos contienen linfocitos y otras células del sistema inmunitario, como macrófagos, células plasmáticas y células dendríticas. Gracias a esta composición celular, los ganglios linfáticos actúan como sitios de filtración de la linfa antes de su drenaje al sistema venoso.
Cuando se detecta una partícula extraña en la linfa, por ejemplo, un microorganismo, se desencadena una respuesta inmunitaria específica con el objetivo de evitar la diseminación sistémica del agente patógeno. Durante este proceso, las células inmunitarias involucradas proliferan, lo que provoca un aumento del tamaño del ganglio, así como cambios en su consistencia y en su morfología; estas alteraciones se definen como linfadenopatía. La linfadenopatía puede ser localizada, cuando compromete un solo grupo ganglionar, o generalizada, cuando afecta dos o más regiones ganglionares no contiguas.
En términos generales, se considera anormal un ganglio linfático con un diámetro mayor de 1 cm en el eje corto, o ganglios de menor tamaño cuando se presentan de forma múltiple. No obstante, existen excepciones según la localización anatómica y la edad del paciente.