Dolor crónico: Perspectiva del psiquiatra

Autores/as

  • Diego A. Espíndola Fernández Autor/a
  • Juan Manuel Ospina Giraldo Autor/a

Resumen

A modo de introducción, el dolor es definido por la IASP como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con daño tisular real o potencial, o que se asemeja a dicha experiencia”. El dolor siempre es una experiencia personal que está influida en distintos grados por factores biológicos, psicológicos y sociales. A lo largo de sus experiencias de vida, los individuos aprenden el concepto de dolor. Aunque el dolor normalmente cumple una función adaptativa, puede tener efectos adversos en la función, así como en el bienestar social y psicológico. Dolor y nocicepción son fenómenos diferentes. El dolor no puede inferirse únicamente a partir de la actividad en las neuronas sensoriales. El informe de una persona sobre una experiencia de dolor debe ser respetado. La descripción verbal es solo una de varias conductas para expresar el dolor; la incapacidad para comunicarse no niega la posibilidad de que un ser humano o un animal no humano experimente dolor.

La IASP propone clasificar el dolor según duración, localización, etiología y fisiopatología. El dolor agudo es aquel que dura menos de 3 meses, se define como dolor que persiste por más de 3 meses, supera el tiempo normal de curación y que no cumple ninguna función biológica. Según localización de los nociceptores, podríamos hablar de dolor somático y dolor visceral. Según etiología se habla de dolor relacionado con cáncer y dolor no relacionado con cáncer. Por último, en términos de su fisiopatología, el dolor puede clasificarse como nociceptivo (surge de un daño real o potencial en tejido no neuronal y que se debe a la activación de nociceptores), ineuropático (causado por una lesión o enfermedad del sistema nervioso somatosensorial y ocurre como resultado de una actividad neuronal anormal), nociplástico o sensibilización central (dolor que surge de una nocicepción alterada, a pesar de que no haya evidencia clara de daño tisular real o potencial que active los nociceptores periféricos, ni evidencia de enfermedad o lesión en el sistema somatosensorial que cause el dolor).

Biografía del autor/a

  • Diego A. Espíndola Fernández

    Médico Psiquiatra, Universidad de Antioquia: Psiquiatra de Enlace, Universidad Pontificia Bolivariana; Profesor vinculado al departamento de psiquiatría y ciencias del comportamiento, Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia.

  • Juan Manuel Ospina Giraldo

    Residente de psiquiatría, Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia.

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Publicado

06/15/2026