Patología tiroidea en niños y adolescentes: aspectos esenciales
Resumen
La glándula tiroides es un órgano endocrino esencial localizado en la parte anterior del cuello, con forma bilobulada similar a una mariposa, encargado de la producción y secreción de las hormonas tiroideas tiroxina (T4) en mayor cantidad y triyodotironina (T3) en menor cantidad, pero con mayor actividad en los tejidos. Estas hormonas, sintetizadas en las células foliculares, son fundamentales para el metabolismo, el crecimiento y la maduración de los tejidos. La glándula también contiene células parafoliculares o células C, responsables de la secreción de calcitonina, involucrada en la regulación del calcio.
La función tiroidea está regulada por el eje hipotálamohipófisis–tiroides
mediante un mecanismo de retroalimentación negativa: el hipotálamo produce la hormona liberadora de tirotropina (TRH), que estimula a la hipófisis para secretar la hormona estimulante de la tiroides (TSH), la cual a su vez activa la producción de T4 y T3 en la tiroides. T4 es secretada casi en su totalidad por la tiroides, mientras que aproximadamente el 80 % de la T3 se genera por conversión periférica a partir de T4. Tanto T4 como T3 circulan unidas a proteínas de transporte a nivel plasmático y la fracción libre de T4 (T4 libre) es la que se prefiere medir porque representa la fracción biológicamente activa y refleja con mayor precisión el estado tiroideo real del paciente. Los niveles de T3 libre son más difíciles de cuantificar por su variación entre técnicas de medición, por lo que se mide T3 total.
Dado su papel central en múltiples procesos metabólicos, cardiovasculares, neurológicos y del desarrollo, las alteraciones en la función tiroidea pueden producir manifestaciones clínicas multisistémicas de gran relevancia en la práctica pediátrica.